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Supongamos que conocemos y que hemos leído algo sobre Picasso. Haciendo un breve (y tal vez injusto) resumen, su vida está marcada por la genialidad (sobre todo en la pintura, pero sin olvidar la escultura y todas las otras formas de expresión que cultivó) y por las mujeres. Picasso decía (o dicen que dijo) que las mujeres sólo servían para la cama y para ser retratadas. Tal vez Las señoritas de Avignon sea la obra que mejor expresa esa conjunción de genialidad, mujeres y sexo: la pintura que inicia el periodo africano del pintor malagueño presenta a las prostitutas de la casa de citas de la calle Avinyon de Barcelona.

En los primeros años del siglo XX Picasso frecuentó los sitios de la movida parisiense y barcelonesa de la época en compañía de artistas e intelectuales. Uno ellos fue Ángel Fernández de Soto que, aunque pintor como él, era muy dado a las fiestas y a las mujeres. Picasso lo retrató fumando y bebiendo absenta en una obra de 1903 encuadrada dentro del periodo azul.

También lo retrató en momentos de más batalla.

El dibujo es explícito, pero ¿quién duda de que estamos hablando de la misma persona?

¿No es fantástica la capacidad con la que Picasso es capaz de trasladar un rico retrato (a la izquierda) a un retrato hecho “con cuatro palillos” (a la derecha) manteniendo el aire y la personalidad del personaje? Sí, es un genio irrepetible.

Dice el artículo 56.3 de la Constitución Española de 1978 que la persona del Rey es inviolable y que no está sujeta a responsabilidad.   En román paladino esto significa que el rey es irresponsable de sus actos y que además no se le puede profanar (Antonio Recio acabaría la frase con el juju). Ciertamente no imagino a los 7 ponentes del texto divagando sobre si añadir o no una coletilla acerca de la caza de elefantes en medio de una crisis financiera. Jugando a ser Peces-Barba o Miquel Roca el artículo podría haber quedado así:

La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad, excepto en lo que se refiere a paquidermos, que deberá dar cuenta de sus actos al circo Price

Para que este remozado artículo hubiera funcionado deberíamos haber reabierto el citado circo que, si no me equivoco, estaba cerrado por aquella época. Se iba a poner a funcionar a pleno gas un Congreso de los Diputados y un Senado, ¿por qué no poner a hervir un circo? ¡Total, otro más!

Dicen (yo no lo he probado) que pegar tiros es una forma fantástica de quitarse el estrés. Entiendo que Don Juan Carlos esté estos días estresado: España ya no es el imperio que fue en época de Felipe II y de Jose María Aznar, en su familia hay más de una rana y las voces críticas contra la monarquía son cada vez más audibles. Además su nieto, en vez de repasar mates y sociales, anda jugando a los vaqueros y pegándose tiros en el pie. No me extraña que Don Juan Carlos necesite darle al gatillo. ¡Por Dios, que no le presten un Leopard 2 que desintegra Botsuana!

Majestad, con todos mis respectos, ahí va la voz de uno de sus vasallos: en cuanto usted se recupere de su fractura de cadera (que espero que sea pronto y de forma satisfactoria) usted debería salir en público y pedir perdón a todos los españoles como el más responsable de todos nosotros. Usted puede irse a cazar lo que quiera cuando le plazca, pero no nos puede pedir esfuerzos rifle en mano. Hubo un 23-F en el que de una forma u otra usted ayudó a un país en pañales a levantar el vuelo. Si usted hubiese desaparecido en ese momento habría pasado a la historia como uno de los grandes reyes de la historia de España. Lástima que el tiempo lo vaya a dejar como un Borbón más.

P.D. : la caza es una actividad tan antigua como necesaria. Ya en las cuevas de Altamira se pintaba a los dioses para obtener una buena caza. Algunas personas, enamoradas profundamente de la naturaleza, cazan y ayudan a mantener el medio ambiente. Otras tienen asumido que cazar es motivo de estatus y de superioridad mezclada con dinero y negocios, mismamente como se muestra en La Escopeta Nacional, de Berlanga. Por favor, todos estos últimos dense un tirito en el pie y dejen a los animales tranquilos.

La Gioconda es, seguramente, la pintura más famosa de la historia del arte. Leonardo da Vinci la pintó en Florencia entre 1503 y 1506 después de regresar de Milán tras haber trabajado a las órdenes de Ludovico Sforza (y una vez que la ciudad fue ocupada por Francia) y tras un breve periodo en Venecia en el que intentó vender sus ingenios militares sin mucho éxito.

Durante su estancia en Milán Leonardo acogió como pupilo a Gian Giacomo Caprotti da Oreno, exáctamente en 1490, al que llamaba Salai (diablo, travieso), ya que en palabras de su maestro el muchacho era embustero, obstinado y glotón. Sobre la relación entre Leonardo y Salai hay muchas teorías, incluso aquella que dice que eran pareja (la homosexualidad del genio florentino es casi un hecho).

Como buen discípulo Salai sirvió de modelo a su maestro en multitud de ocasiones, como por ejemplo en el San Juan Bautista pintado entre 1508 y 1513, y a su vez realizó distintos trabajos. En uno de ellos se inspiró en la modelo de La Gioconda, Lisa Gherardini, a la que retrató con el torso desnudo. La pintura se llama Monna Vanna.

Tal vez sea esta una de las versiones más desconocidas y curiosas de La Gioconda, en la que la modelo se representa con facciones andróginas: brazos fuertes, torso ancho y facciones anguladas. La posición de las manos y el fondo son bastante similares al pintado por su maestro unos años antes. El resto, sin duda, tiene un sello especial, tal vez más Salaino, más travieso (como diría Leonardo da Vinci).

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